Las transiciones son siempre difíciles y pueden provocar grandes cambios, ya sean para mejor o peor, y las empresas no son excepción a esta regla.
Primero la empresa cuenta con una o unas pocas personas, que hacen prácticamente de todo, los roles no están muy definidos. Luego, a medida que se comienza a tener un mayor éxito comercial, las ventas y pedidos, comienzan a subir exponencialmente, las empresas deben adaptar sus procesos para esta nueva realidad, para que no se vea comprometida la calidad del producto o servicio y la atención que se les brinda a los clientes.
Esto muchas veces es todo un desafío, al incorporar nuevas personas, no siempre estas tendrán los mismos valores que el equipo inicial y ahí el reclutamiento pasa a ser trascendental para evitar problemas a futuro.
Otro de los grandes desafíos es el del control y los procesos. Muchas veces vemos dueños de empresas que no se pueden tomar vacaciones en muchos años, por no tener la seguridad de que la empresa pueda seguir funcionando sin su figura.
Es aquí que definir bien los procesos, las responsabilidades de cada integrante del equipo y de contar con herramientas de gestión apropiadas juegan un factor decisivo.
En el caso de las empresas familiares el desafío es aún más complejo, ya que las relaciones, lealtades y la inercia pueden hacer que estos cambios sean aún más difíciles.
Es muy importante poder contar con gente con los conocimientos y la experiencia en ciertas áreas críticas, y de poder armar una estructura administrativa que permita la profesionalización de la empresa, el formar un directorio es un paso determinante, aunque no requerido, en esa dirección.
Otro de los desafíos es a nivel de intereses. Tener que dedicar la mayor parte del tiempo a administrar puede ser tedioso para alguien que le interesa mucho más la ejecución y estar en terreno, por lo que se debe tener la flexibilidad suficiente o integrar personas al equipo que suplan las falencias del equipo inicial.